sábado, 26 de noviembre de 2016

Cuba

Cuba me regaló la sencillez,  me enseñó que para vivir feliz y contenta muy poco se necesita,  que el consumismo es una fatal ilusión imperialista que marchita el alma y que la única manera de progresar es desear y trabajar por el bien común.

A Cuba llegué con un sinfín de cosas,  cargando una mochila más grande que yo misma... alegoría de mi vida hasta entonces,  repleta de "cosas" inservibles que tapizaban mi esencia. A medida que los días pasaban y me daba cuenta de lo poco que necesitaba para moverme libremente,  no quise cargar más esa pesada mochila y comencé a regalar a diversas personas aquellos objetos que estimé podrían requerir: un secador de pelo,  zapatillas,  poleras, entre otros. A cambio, obtenía una bella sonrisa y una bendición de agradecimiento.  
Fue duro tomar conciencia de que vivía en la comodidad total de una ciudad en la que se obtiene "todo lo necesario para vivir", y que - inconsciente de la abundancia - te sigue invitando a obtener más. No fue nada de fácil comenzar a disfrutar,  al comienzo era una incomodidad constante, supongo que es el precio de salir de la zona de confort, pero luego entré en sintonía con la belleza y paz de la sencillez. 

Siempre la vida y  los viajes, condensados en menos tiempo, me demuestran que soy lenta en adaptarme a lo nuevo, pero una vez cómoda disfruto a concho todas las experiencias,  sobretodo  aquellas que irradian humanidad.

Ya van varios meses desde que conocí la belleza de Cuba y recién ahora me brotan palabras que puedan retratar,  en parte,  lo que significó esa experiencia en mi vida. 

Allá conocí también la valentía y solidez ética de muchas personas que han dado dignidad al pueblo cubano,  personas que lucharon con su vida por el sueño de la emancipación americana y que murieron por una causa común. Conocí la importancia que tiene la educación para las personas,  porque les podrán faltar muchas cosas, pero no los libros ni  la salud. Ellos bien saben que un pueblo educado no se deja engañar y que la clave del triunfo es la unión.

Estoy a pocos días de cumplir 30 y agradezco la oportunidad de llegar liviana a mi nueva vida que se inicia,  además,  con un cambio de casa. Un ciclo nuevo que, sin saber,  se gestaba en el silencio y la paz de la austeridad, cuando me vi declarando espontáneamente que bien podría vivir con sólo una mochila,  porque todo lo necesario lo porto dentro de mi. Y la inocente afirmación tomó cuerpo y se hizo realidad. 

La vida me quitó cosas para volverme más liviana y así emprender mi vuelo a la libertad que estoy aprendiendo a saborear. Agradezco a todas las personas que me han acompañado en el trayecto. Están en mi corazón.  Para siempre.

martes, 22 de noviembre de 2016

Corazón ausente

El amor se cansa de ausencias,
de largos silencios y de miradas sin pasión. Se cansa de búsquedas vanas, de falta de interés y de ambigüedad.

No hay corazón que corresponda al desamor, porque simplemente no estamos hechos para términos medios, ni para segundos lugares. Las relaciones a medias, templadas, terminan partiéndonos en dos y congelan nuestro corazón hasta convertirlo en roca.

Nuestra sangre es un torrente que busca, al igual que un río, desembocar en la inmensidad del océano; asimismo, nuestro corazón busca un halo de eternidad en un amor intenso y prometedor, de ahí que los "peros" y las excusas tengan el dejo amargo de lo perecedero.

La ausencia cala en los huesos hasta formar heridas que no cierran por la inconsciencia de quien las produce. No se puede engañar al corazón que palpita al ritmo del misterio, este sabe qué historias y momentos son para él. Sabe qué miradas atraviesan los ojos y calan hasta el fondo. Sabe también qué acciones lo encaminan directo a la felicidad o a la desdicha, pero la mente se interpone para explicar muchas veces lo inexplicable, para dar razones que calman temporalmente lo que el mismo tiempo se encarga de revelar.

Nuestra mente juega con las interpretaciones de los hechos para calmar temporalmente un dolor que tarde o temprano llegará; buscamos justificar aquello que nos perturba por miedo a la soledad,  por miedo de encontrarnos frente a nosotros mismos. Nos engañamos y externalizamos las culpas y responsabilidades, nos negamos a ver aquello que siempre ha sido evidente, pero que escondemos tras argumentos coherentes y tranquilizadores, porque la verdad parece perturbadora e insoportable.

Sólo cuando cruzamos del otro lado,  de la vereda del desamor, nos damos cuenta de que en el fondo de nosotros está nuestro ser más auténtico y verdadero,  sin máscaras,  así tal cual somos. Se acabaron los engaños. Desde la otra vereda todo parece nuevo y sorprendente, la libertad toma su lugar y el miedo desaparece.

lunes, 3 de octubre de 2016

No es el tiempo

No es la edad,  no es el tiempo,  es la disposición interna que se tiene para dejarse golpear por las cosas,  para dejarse abrazar por la vida.

No es el tiempo,  es la apertura mental que se tenga para atreverse a la novedad,  para comenzar lo que temías , para alcanzar lo inalcanzable.

No es el tiempo cronológico,  sino el kairós que resuena dentro del alma el que enseña a escuchar el ritmo natural del universo.

domingo, 3 de julio de 2016

Al fondo de mí


Caigo y caigo, cada vez más profundo,  hasta tocar el fondo de mí misma, hasta sentirme,  perdonarme, aceptarme y quererme, pues si no lo hago yo, quién?  Miro hacia dentro, recorro con la memoria del corazón los momentos en los que he sido verdaderamente feliz y un dejo de tristeza me queda en la boca, luego llega hasta la garganta y queda allí  en forma de nudo.

Vuelvo a recorrer el fondo de mí y veo a una mujer que ha estado esperando siempre que llegue alguien que la haga sentir especial y querida y me pregunto: seré yo misma esa persona?  La vida una vez más me pone ante mi misma con el corazón roto: qué me quiere decir? Hay hilos internos que me muestran el camino para recobrarme y volver a encarnarme en este cuerpo que a ratos me cuesta aceptar y que hoy está al borde de los 30, esa edad que muchos agradecen por toda la fecundidad que trae. Me esmero para que sea fecunda para mí también.

Me miro en el espejo y me digo: aquí estamos de nuevo,  nos volvemos a encontrar,  pero esta vez te ves distinta,  una fuerza color violeta se proyecta desde ti hasta el infinito,  despréndete de los fantasmas del pasado que ya no existan más y vuelca tu mirada hacia la mujer bella que eres.  Siempre has sido especial,  lo sabes,  y eres única para ti misma. Dios te creó con un destino que se revela a medida que vives.  Déjalo fluir desde ti hasta afuera. Allí tomará el curso que tenga que tomar y cada día será distinto y te consolarás. Tu corazón volverá a sonreír.

martes, 7 de junio de 2016

Si pudiera



A veces pienso en el tiempo, en cómo sería si uno pudiera congelar ciertos momentos o ir a ellos nuevamente, para vivirlos con la conciencia y el aprendizaje del presente. Si pudiera escoger a qué instante volver, sería a aquel verano del 2012, en Puerto Montt. Cuántas alegrías, tristezas y sueños compartidos; ese verano fue una buena siembra. Nunca pensamos que después de ese verano todo cambiaría en nuestras vidas, para todas y todos. Cuánta agua ha corrido ya desde entonces, y yo evoco ese pasado con la nostalgia de quien mira y entiende cómo se creaban pequeñas corrientes subterráneas de dichas y desdichas.

Si pudiera ir a esos cinco días, esta vez elegiría vivirlos sin apegos a personas que ya no están, sin miedo a lo que pasará… quizá me reiría aún más, y conversaría sin pensar qué dirán los demás, quizá trataría de ser más plena, de apegarme menos a situaciones dolorosas e infecundas. Si pudiera volver a esos cinco días, no perdería la oportunidad de disfrutar más el día, más de lo que lo hicimos, me sacaría más los zapatos y me bañaría en los lagos. Quizá volvería simplemente para disfrutar de ese tiempo misterioso que tanto nos sanó el alma. Volvería a recorrer esas calles con mucha esperanza, dejando atrás la desolación.

A veces sueño con ese tiempo, con todo ese año, que tantas penas y dichas me donó a la vez. ¿Será que este tiempo se parece a aquel? Quizá. A veces siento que sí y otras veces que no, porque ahora tengo otra mirada, porque a veces me siento diferente… porque a veces siento que soy otra. 

jueves, 12 de mayo de 2016

Hojas


Soy como una hoja que cae desde un árbol de otoño
Una hoja de un Liquidambar, que cambia de color
que se transforma y muta hacia el devenir
Soy como una hoja que flota por el aire,
que irá a parar quién sabe dónde
consciente de que forma parte de un plan mayor
que aún no logra develar
que se muestra como una mutación que duele
que desconcierta y que a veces sobrecoge
Soy como esa pequeña hoja que forma parte del
ciclo natural de la vida
parte de un organismo mayor que es un misterio

Soy como una hoja de otoño
que se desprende de su árbol madre
para caer al infinito
sin respuestas, solo preguntas
que cae y cae hacia el vacío
¿Qué lugar es el que me espera?
¿Terminaré siendo parte de la misma tierra o
quizá de un libro viejo que me protegerá con sus hojas escritas?
El sentimiento es infinito e inagotable
y la poesía el canto de la vida misma


lunes, 16 de noviembre de 2015

La eternidad del adiós



Nunca he sido buenas para las despedidas, ya que dejan en mi boca un resabio de melancolía que se entremezcla con el agradecimiento. Desde pequeña me ha pasado que tiendo a prolongar lo más que pueda el instante en que le digo adiós a algo o a alguien, como si ese momento, de tanto durar, se convirtiera de pronto en algo que no es un adiós sino otra cosa. Y ocurre así, una vez dicho, que la melancolía aparece y se intensifica a medida que me alejo del objeto que ha despertado mi cariño, de aquello que no quiero dejar, de aquello que llevaría conmigo siempre, hasta el final de mis días. 

Pese a lo anterior, no puedo perderme jamás la oportunidad de despedirme de alguien. De lo contrario, siento como si dejara algo pendiente, como una caja abierta. Realmente para mí es muy importante decir chao, hasta pronto, buenas noches, ci vediamo domani. Necesito sentir que la otra persona, la otra circunstancia, se compenetra conmigo en ese instante único en que nos damos un tierno beso en la frente, en la mejilla y un abrazo apretado, de tal modo que pase lo que pase tendremos la certeza, siempre, de que no nos quedamos con nada pendiente, con nada en el tintero; y, aunque muchas veces sólo vaya acompañado de un silencio infinito, sabremos que estamos agradecidos de la presencia del otro en nuestras vidas. 

Así viví muchos adioses hasta ahora que, ante todo pronóstico, mis sentimientos han comenzado a mudar y las despedidas han tomado otro cariz. Parece ser que la presencia de la melancolía ha comenzado a desvanecerse dando paso a a una cierta tranquilidad de que el gesto del adiós es físico y momentáneo, algo efímero y perecedero, que tarde o temprano dejará de existir, apareciendo entonces lo infinito y lo eterno. Alguien me dijo por ahí que los encuentros son para siempre y cuando uno ha dejado entrar en su vida algo o alguien maravilloso, que te llena de vida y de felicidad con su presencia, es imposible que la huella interior se borre. Siempre estará allí y se fundirá a fuego en la memoria, en los recuerdos, en los sueños.


Creo que el dolor de una despedida revela que se han vivido momentos bellos, llenos de poesía y que, al dejarlos, una parte de nuestro corazón queda con ellos. Supongo que esas son las enseñanzas de vida y vale la pena totalmente un sólo instante de felicidad, de haber experimentado en profundidad la vida, aunque luego cause dolor ."Eres responsable para siempre de lo que has domesticado, eres responsable de tu rosa" le dijo el Zorro al Principito, quien sabía perfectamente que, pese a la lejanía, su rosa siempre sería suya, pues el tiempo que pasó con ella la convirtió en un ser único y cada vez que viera las estrellas su rosa estaría iluminándolo. Él tenía el convencimiento de que su adiós era eterno y que viviría aún después de su  muerte. Lo sabía. 





viernes, 10 de octubre de 2014

Hombre sencillo

Hombre sencillo
En tus ojos se ven las estrellas
Tu corazón parece el cielo
Un refugio para los más indefensos.

Por tus actos no pides nada
La fuerza de la vida te lleva hacia adelante
Y a cambio entregas una sonrisa dulce y verdadera
Que recuerda la inocencia del mirar sin juzgar
De un mirar dulce y tierno.

Tu pecho es cobijo de jóvenes sin techo
En ti se refugian encontrando a un amigo
Poco tienes, pero todo compartes
Tu vida es vida para muchos.




martes, 25 de febrero de 2014

El ocaso del día




[Virgínea luna, así
es la vida mortal] 
       Y tú ciertamente comprendes  
el porqué de las cosas y ves el fruto
de la mañana, de la noche,
del callado, infinito, andar del tiempo.
Tú ciertamente sabes a qué dulce amor
ríe la primavera,
a quién ayuda el ardor, y qué consigue
el invierno con sus hielos.
Leopardi.

Ayer amanecí y me dolía el corazón. En un comienzo no me extrañé, pues generalmente tiendo a ser algo hipocondríaca y si no me duele la guata, me duele la cabeza, el útero o cualquier parte de mi cuerpo. Sin embargo, este era un dolor diferente, era como si una puntada se me hubiera instalado de forma permanente en el lado izquierdo de mi cuerpo, una puntada que me cortaba a ratos la respiración y que me hacía caminar con dificultad. "Qué extraño" me dije. Quise recordar si alguna vez había sentido algo parecido y no pude hallar nada en mi memoria. Fue difícil ponerme en pie, pues el dolor no se iba. Traté de hacer mi día de forma normal, pero luego de la puntada comencé a sentir otros síntomas: se me puso un nudo en la garganta, también sentí mis ojos hinchados como si fueran a explotar, me dolía la espalda, las manos, las piernas. Ah, el pelo, por cierto. (¿Puede doler el pelo?). Fui al baño para mirarme al espejo y no sé si fue mi imaginación, pero me vi pálida, los labios a penas tenían color, me temblaba el cuerpo. "¿Qué me pasa?". Seguí observándome en busca de alguna respuesta. Me retiré del baño y solo deseaba dormir profundamente, como si quisiera despertar y darme cuenta de que todo este dolor había sido un sueño. Pero no, ahí seguía el dolor y no se iba. Tampoco conseguí dormir. "Quizá si tengo paciencia esto se vaya".

Salí a caminar, ya que generalmente eso me calma. Mientras daba pasos errantes, recordé que hace bastante tiempo mi corazón se sentía feliz, nuevo y fresco, como si una suave brisa lo hubiera refrescado en un tiempo infinito. Ya no tengo certeza plena de por qué acontecía esto, simplemente allí estaba esa felicidad, que me hacía dar pasos ligeros y sonreír constantemente.

De pronto, volteé mi vista hacia unas viejas murallas callejeras y en ellas vi escrita una palabra que quedó resonando en mi mente: "Amor". Y el corazón se me apretó. "Sí, claro, cómo olvidarlo". Recordé que algún doctor de mi infancia me lo advirtió: "Puede ser que en algún momento de tu vida el corazón te duela por amor, pero no te alarmes, eso es parte de estar vivo". Y seguí caminando.

Cuando regresé a casa, ya me sentía más serena. Me preparé una taza de té de frambuesa y salí al balcón a ver el atardecer. Aunque el dolor en mi corazón seguía allí, me sentí muy agradecida de poder experimentar la alegría de estar viva. ¿Extraño, no? ¿Cómo puede ser que me sienta alegre y triste a la vez? Alegre de estar viva y de poder ver un atardecer y triste, al mismo tiempo, porque algo me falta de lo que ya tenía. En seguida intuí que no podría tener todas las respuestas ahora, por ello, me acomodé en una silla, me cubrí con una frazada, tomé la taza de té y observé el espectáculo del ocaso del día.

martes, 24 de diciembre de 2013

Navidad



Un abrazo de amigos que no se ven hace tiempo,
la sonrisa de un niño jugando con su padre,
cuatro jóvenes cantando un villancico en la calle,
una pareja trotando en el parque,
un desayuno entre colegas,
amigos compartiendo unas galletas,
una tarjeta con buenos deseos,
un joven que cede su asiento,
un trabajador que saluda amablemente a las personas,
un conductor de la micro que espera a un pasajero,
un vendedor que devuelve dinero a su cliente,
un mimo entregando flores en una esquina,
una cena familiar,
una niña recogiendo a un perro,
una joven ayudando a una anciana a cruzar la calle,
una conversación casual en el metro,
un dulce de regalo,
una llamada inesperada,
un mensaje de paz,
el nacimiento de un bebé,
una mirada tierna,
un beso en la mejilla,
una caricia en el pelo
un cálido abrazo.






 

sábado, 23 de noviembre de 2013

Pocas palabras


Ya han pasado meses que no me ha salido palabra digna de ser fijada en un escrito. Desde hace meses que parece que me hubiera silenciado ante el mundo, como si este no me dijera absolutamente nada. ¿Será posible que la musa de la palabra se haya olvidado de mi puerta? ¿Será que olvidé darle mi nueva dirección? Es posible, siempre olvido muchas cosas. 

Es extraño pararme ante el mundo sin querer atraparlo en una palabra, ya que este ha sido mi estado natural desde que tengo memoria: querer nombrarlo todo y no conforme con ello, tratar además juzgarlo. Por ello, cuando ocurre algún acontecimiento que me silencia me siento desconcertada, torpe y poco natural. Creo que esto me pasa hace meses y no sé si es para bien o para mal, pero el hecho es que me preocupa. 

Me preocupa que las cosas puedan estar pasando delante de mis ojos y que no me hagan eco interior, que no queden en mi mente dando vueltas a tal punto de tener que recurrir al papel y al lápiz para dejar de pensar en ellas; me preocupa que pueda estar asumiendo posturas de otros y que esas ideas que no eran mías estén calando más profundo que las que sí lo eran; me preocupa estar transformándome en una persona acomodaticia, que abandona su pasión y deseos por un proyecto más tranquilo y confortable. 

El quedarse sin palabras puede ser algo sintomático, que revela procesos internos poderosos, que poco a poco toman forma. ¿Cómo poder averiguarlo? ¿Cómo poder equilibrar las nuevas experiencias que vivo con los ideales que habitan en lo más profundo de mi corazón? ¿O será que la misma vida va dando la pauta? Como sea, no queda más alternativa (¿o sí?) que seguir caminando, que seguir observando y experimentando lo que la vida me pone delante, por más complejo e inquietante que sea. 

A veces pienso que me gustaría cambiar mi vida completamente e ir detrás de aquello que me apasiona, pero tengo que estar dispuesta a pagar el precio, que en mi caso sería bastante alto. Además, pienso que este tipo de decisiones emergen de lo más visceral y romántico de mi ser, fruto de un contexto que no me hace feliz completamente y, por ende, siento el impulso de huir de eso.

Alguna vez un Maestro me dijo: 30% hacia afuera y 70% hacia dentro. ¿Será que estoy en mi 70%?




domingo, 11 de agosto de 2013

El magnolio



Hoy vi un magnolio en flor y me sentí feliz, ya que me hizo recordar el episodio de la mariposa que hace un año tuve en mi ventana. Esa mariposa amiga que me enseñó muchas lecciones con su transformación de oruga a mariposa y que, finalmente, terminó sus días posada en la rama de aquel bello árbol.

Mientras observaba el magnolio, pensaba qué gran árbol es. Por un lado, es perenne: resiste todas las estaciones del año por muy duras que sean, ya que bien sabe que cada estación le aporta lo que necesita para ese momento y gentilmente se deja transformar por cada una de ellas. Por otro lado, exhibe sus flores cerca de la primavera y únicamente por un tiempo breve. Es decir, guarda lo mejor de sí para compartirlo con los demás seres cuando la naturaleza completa comienza a renacer y a salir de su hibernación.  Por ello, este árbol es un espectáculo de belleza y ejemplo de resiliencia. Y así como él se entrega, la misma naturaleza reconoce su labor en la cadena, ya que como especie está presente en todo el mundo, bajo diversos colores y diversas formas, lo que permite que su belleza sea irradiada en donde sea que se encuentre.

Realmente admiro al magnolio, pues en silencio va dejando huella en todo su alrededor, donde nace o donde es sembrado. Adorna todos los lugares con su hermosa flor y es capaz de generar admiración donde sea que esté, pues aún en esos días lluviosos de fines de invierno, su belleza y simpleza nos recuerdan lo más inocente de la vida.


domingo, 9 de junio de 2013

Vientos de cambio




Transformación es la primera palabra que se viene a mi mente cuando pienso en el otoño. Es cierto que todo siempre está cambiando, pero al observar a las hojas de los árboles cambiar de color, luego caerse, permanecer en el suelo y finalmente fusionarse con la tierra, no puedo evitar pensar aún más en que todo muta a su debido tiempo. Es más, para que algo nazca primero tiene que haber una muerte.  Pareciera ser que todo lo nuevo siempre nace desde la tierra y si lo llevamos a un terreno más humano, todo lo que pasa en nuestro interior ocurre mediante ciclos que nos dan muerte y, luego, vida.

Este último tiempo ha sido especialmente difícil. Los cambios llegan a mí sin estar necesariamente preparada o, tal vez, es necesario que lleguen para que "la tierra" quede lista para la siembra. Pienso en esta etapa de mi historia, cuando estoy eligiendo y creando mi propio proyecto de vida, y siento que jamás pasé por un momento como este, lo que me alivia desde la perspectiva de lo nuevo, pero a su vez, me produce mucho miedo, porque es una apuesta, un salto a ciegas. Ahora bien, esto último tampoco lo juzgo (por lo menos ya no, después de harto esfuerzo), porque justamente se presenta el desafío de creer más que nunca en la fuerza de la vida, en el proyecto y misión que hay reservado para mi en alguna parte de este planeta. Esta fe en la vida, en Dios, es al mismo tiempo esperanza: creer en que la vida nos sitúa en circunstancias que nos remecerán y que tarde o temprano nos conducirán a puerto, siempre y cuando "uno ponga los medios". 

En estos momentos me siento como esa hoja que se ha desprendido del árbol y que comienza a caer, luego de haber cumplido un ciclo y que está pronta a llegar a la Tierra, a esa gran madre que se encarga de las transformaciones de todo lo que habita sobre ella. Solo pido tener la lucidez de vivir este nuevo ciclo con gran inocencia, con mucha alegría y, sobre todo,con sencillez, disfrutando cada momento sabiendo que es el único que tendré y confiando plenamente en que este es el lugar preciso en el que tengo que estar, tal como aquella pequeña hoja que se entrega pacientemente al espíritu del viento.



miércoles, 10 de abril de 2013

Un anciano y su perro


Mientras los transeúntes seguían el ritmo de la ciudad, un anciano observaba la calle en compañía de su fiel amigo poodle. Sus pensamientos iban y venían, distraído por el movimiento que la noche tenía. El anciano esperaba paciente a que algo inesperado ocurriera, a que un evento rompiera esa rutina diaria que a veces lo agobiaba. 

De pronto, un hombre bajó la reja de una galería que se encontraba frente al anciano y el perro comenzó a ladrar de forma estrepitosa. En ese mismo instante, mientras el motudo animal ladraba, una risa espontánea surgió de la boca de su amo y así pasaron varios minutos hasta que éste se puso de pie y comenzó a caminar por Tenderini rumbo a casa. 

Mientras iba a paso lento, el añoso hombre no pudo dejar de sentirse agradecido por la reacción de su compañero, ya que, de no ser por su ladrido, todo hubiera seguido igual en aquella ciudad de inercia.

jueves, 21 de marzo de 2013

Alas de colibrí



Para tí... te amo.
Carmen Gloria


"Las verdades elementales caben en el ala de un colibrí"
José Martí


Últimamente he pensado mucho en estas palabras de José Martí que descubrí a raíz de la canción "Alas de colibrí" de Silvio Rodríguez.  He pensado en las verdades elementales que dan sentido a nuestras vidas, que dan sentido a la humanidad y que, en particular, dan sentido a mi vida. Y en este viaje "hacia dentro" he llegado a la conclusión de que lo más importante en esta vida es amar y ser amado. Claro, ese amor no representa necesariamente a una persona, pues es un sentimiento infinito que nos inunda cuando tomamos conciencia de que antes de nacer ya hemos sido amados por otra persona; que alguien nos quiso así, tal cuales, desde el inicio. Para mí esa primera verdad es Dios y cuando descubrí que Él me había amado primero comenzó mi gratitud hacia las cosas, hacia la vida; un amor que no es egoísta, si no que desea amar desde la libertad y desde la alegría. Mi segunda verdad es compartir ese amor con el mundo, en cada instante y con cualquier ser vivo. Por supuesto que este no es un camino fácil, al contrario, está lleno de pruebas y de momentos en que nos sentimos desafiados y como si tuviéramos un espejo en frente nos miramos y re-conocemos; pero supongo que la gracia de la vida es esta: poder enfrentar cada día como una invitación a amar.


Por ahí pensaba también en este pequeño colibrí - que en el español de Chile se llama picaflor -, un animal frágil y pequeño, que mueve sus alas mil veces por segundo... Bueno, en esas pequeñas alas, según Martí, caben estas verdades elementales: "un partido de sueños" como dice Silvio, "talleres donde reparar alas de colibries" (por si se nos ha olvidado lo que nos mueve intrínsecamente); alas en donde se admite la dignidad de toda persona, incluso de "esa crítica masa de Dios que no es pos ni moderna" (porque no se puede simplemente explicar quien es Dios desde ninguna teoría moderna ni posmoderna); "pueblos sin hogar" (como Israel, aunque hoy esté causando paradójicamente tantas miserias al pueblo palestino); "una mano bien apretada" (¡y cómo no tiene precio una mano bien apretada que te acompaña por las calles!); una "asamblea de flores marchitas" (que no por marchitas dejan de ser flores); en fin, "alas de colibrí para la cura" (¡y cómo curan!).

Por último, debo añadir que no tiene precio en esta vida que alguien te ame tal como tú  lo amas. Y no tiene precio en verdad pues, aunque fuera por una fracción de segundo, experimentar un amor correspondido es haber vivido. Si hoy se terminara mi vida sentiría que realmente valió la pena existir, pues mi corazón comprende que estamos realmente hechos para esto y, por ello, este se siente en paz y en completa libertad... como un ala de colibrí.






domingo, 17 de marzo de 2013

Sin palabras pero con ellas

Hace un tiempo he notado que me he ido quedando sin palabras. Como dice Daniel Quinn en Ismael y la salvación de la tierra: "Hay momentos en que tener demasiado que decir puede dejar tan sin habla como el hecho de tener demasiado poco"... y es cierto. Parece ser que las experiencias que más me conmueven día a día merecen poco comentario y mucha más reflexión, pero de esa de verdad, de la que va directo al corazón y que se vale de la razón para poder comprender cuál es su sentido. Antes me pasaba que todo lo que veía estaba sujeto a mi palabra, como si el mundo pudiera ser traspasado por los significados que yo le otorgaba, hasta que la misma realidad se encargó de enseñarme que a veces es preferible observar y escuchar, sin intervenir necesariamente. Escuchar en el verdadero sentido: tratando de comprender lo que la otra persona quiere decir, desde dónde lo entiende y qué está tratando de expresarme. Para quien siempre ha parloteado, acercarse bajo este presupuesto a las demás personas no es nada sencillo, pues constantemente está la tentación de querer modificar la realidad tal como me gustaría que fuera, cayendo en el error de dejar a la vida sin su trabajo. 

Desde entonces he llegado a pensar que el mejor lenguaje son los ojos, pues estos transmiten la verdadera esencia que nos mueve, la emoción real, el fulgor de algo que se siente y que puede ser arruinado cuando se etiqueta, después de todo, las palabras no son más que conceptos con los que tratamos de abarcar y de dar sentido a lo que nos rodea. Sin embargo, bien sabemos que las palabras no alcanzan cuando se desea expresar lo... inefable. Últimamente me ha pasado bastante, querer expresar algo que me conmueve profundamente, pero que mis labios no pueden llegar a articular, tal vez por temor a que la otra persona no entienda o no alcance a dimensionar la profundidad de lo que estoy diciendo, o bien, el temor a abrir mi corazón, a dejarlo en descubierto. 

Quizá el lenguaje verbal muta a la vez que la vida se transforma y uno va aprendiendo a comunicar ciertas emociones y pensamientos en el momento adecuado. Y, tal vez, aprender a relacionarse con el silencio es parte de una vida en las que las cosas te golpean de forma distinta. Aceptarlo y aceptarse pueden ser el primero paso. 

jueves, 14 de marzo de 2013

El saludo y la sonrisa


Iba Andrés caminando rápidamente por las calles de su población, rumbo a su tercera clase de la universidad, alegre de que después de muchos esfuerzos al fin haya logrado entrar a la carrera que quería. De pronto, a lo lejos divisó a Doña Anita, la vieja vecina que lo acogió como a un hijo cuando su madre murió". Que le vaya bien, mijo" - le dijo la mujer mientras cruzaba la calle para darle un beso en la frente, aquel beso que cariñosamente le daba día a día cada vez que su Andresito salía de la casa en la que vivía con su padre. Andrés devolvió el gesto con una dulce sonrisa. "Gracias doña Anita, hoy llego a almorzar". El joven y la vieja mujer se alejaron, él a su estudio y ella a su casa, convencidos de que aquel día sería el mejor, más aún luego de aquel saludo y de aquella sonrisa.


sábado, 23 de febrero de 2013

Pequeños gestos


Hoy mientras viajaba en metro vi una escena conmovedora: un bebé en brazos de sus padres reía lleno de nervios porque un abuelo que estaba en la puerta del tren lo saludaba. Mientras observaba la bella imagen pensaba en lo maravillosa que es la vida, en cómo se desenvuelve de forma misteriosa en cada una de nuestras etapas, proporcionándonos las enseñanzas y las experiencias que nos corresponden vivir en el momento indicado. También pensaba en cómo a medida que pasa el tiempo somos más conscientes del regalo que se nos ofrece a cada instante: disfrutar de los pequeños gestos en los que fluye realmente nuestra esencia, aquellos detalles que nos inundan y que nos causan un profundo eco interior... un sentido que sólo puede provenir de la experiencia de amor gratuito con las demás personas. 



lunes, 26 de noviembre de 2012

No estás deprimido, estás distraído (Parte I)


No estás deprimido, estás distraído, distraído de la vida que te puebla. Distraído de la vida que te rodea: Delfines, bosques, mares, montañas, ríos. No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano cuando en el mundo hay 5,600 millones. Además, no es tan malo vivir solo. Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer, y gracias a la soledad me conozco; algo fundamental para vivir.

No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y Rubistein interpretaba como nadie a Chopin a los 90. Sólo citar dos casos conocidos.

No estás deprimido, estás distraído, por eso crees que perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado. No hiciste ni un sólo pelo de tu cabeza por lo tanto no puedes ser dueño de nada. Además la vida no te quita cosas, te libera de cosas. Te aliviana para que vueles más alto, para que alcances la plenitud. De la cuna a la tumba es una escuela, por eso lo que llamas problemas son lecciones. No perdiste a nadie, el que murió simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón. ¿Quién podría decir que Jesús está muerto? No hay muerte: hay mudanza. Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Michelangelo, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuela y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas, y nos aleja por que nos hace desconfiados.



No encuentras la felicidad y es tan fácil. Sólo debes escuchar a tu corazón antes que intervenga la cabeza, que está condicionada por la memoria, que complica todo con cosas viejas, con órdenes del pasado, con prejuicios que enferman, que encadenan; la cabeza que divide, es decir, empobrece. La cabeza que no acepta que la vida es como es no como debería ser. 

Haz sólo lo que amas y serás feliz, y el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será, y llegará naturalmente. No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor. Entonces habrá plenitud, y en esa plenitud todo es posible. Y sin esfuerzo porque te mueve la fuerza natural de la vida: la que me levantó cuando se cayó el avión con mi mujer y mi hija; la que me mantuvo vivo cuando los médicos me diagnosticaban 3 ó 4 meses de vida. Dios te puso un ser humano a cargo, y eres tú. A ti debes hacerte libre y feliz, después podrás compartir la vida verdadera con los demás. Recuerda a Jesús: "Amarás al prójimo como a ti mismo".

Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás viendo es obra de Dios; y decide ahora mismo ser feliz porque la felicidad es una adquisición, no algo que te llegará de afuera. Además, la felicidad no es un derecho sino un deber, porque si no eres feliz estás amargando a todo el barrio. Un sólo hombre que no tuvo ni talento ni valor para vivir, mandó matar seis millones de hermanos judíos. Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perulla, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileros, Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y la poesía de Whitman, Mäiller, Mozart, Chopin, Beethoven, Caravallo, Rembrandt, Velásquez, Picasso y Tamayo, entre tantas maravillas.

Y si tienes cáncer o SIDA, pueden pasar dos cosas y las dos son buenas; si te gana, te libera del cuerpo que es tan molesto: tengo hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo razón, tengo dudas ... y si le ganas, serás más humilde, más agradecido, por lo tanto, fácilmente feliz. Libre del tremendo peso de la culpa, la responsabilidad, y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante profundamente como debe ser.

No estás deprimido, estás desocupado. Ayuda al niño que te necesita, ese niño será socio de tu hijo. Ayuda a los viejos y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas. Además el servicio es una felicidad segura, como gozar a la naturaleza y cuidarla para el que vendrá. Da sin medida y te darán sin medidas.

Ama hasta convertirte en lo amado, más aún hasta convertirte en el mismísimo amor. Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso. Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que le destruyan hay millones de caricias, que alimentan a la vida.


Por Facundo Cabral.

martes, 13 de noviembre de 2012

Mis verbos

Los verbos entrañan acciones. Y las palabras tratan de abarcar esas acciones, aunque a veces no lo logren con éxito. Nuestras acciones definen nuestro quehacer, nuestro mundo, lo que somos y lo que pensamos.
He aquí una muestra de mis verbos favoritos, terminados en -ar.


Comenzar
Caminar
Hablar
Conversar
Descansar
Regalonear
Tranquilizar
Cuidar
Movilizar
Ayudar
Acompañar
Mirar
Besar
Abrazar
Acariciar
Danzar
Cantar
Dar
Regalar
Amar